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Siete años y seis semanas. ¿Quién soy?

resultados

Para llegar hasta aquí tuvimos que volver a sacar cosas de la caja de obviedades. Esto nos llevó a varias conclusiones: la primera fue que nada puede darse por supuesto. La segunda: el aprendizaje no se detiene; si lo hace, mal asunto.
Recuperamos la paciencia, recordamos también que la perseverancia es fascinante si se quieren obtener los mejores resultados. Y (re)aprendimos que entender lo que se tiene entre manos, establecer relaciones entre cosas aparentemente muy distantes y extrapolarlo al entorno cotidiano resulta estimulante porque aporta perspectivas nuevas.
Por eso esta historia puede interesar a quien aspire a llegar a su mejor versión. Útil y balsámica en los momentos oscuros.

 Hablemos de plantas

Para que un cultivo se desarrolle se necesitan solo tres cosas: semilla, tierra y riego constante.
Un agricultor japonés decide plantar bambú. Siembra y abona la semilla, regándola a diario. Pasa el tiempo y no sucede nada.
El bambú japonés requiere cuidado continuo y paciencia. No aparenta actividad en siete años. Sin embargo, durante ese tiempo se entrelaza un sistema de raíces que propiciará su crecimiento. Así, el último año, en un periodo de seis semanas, la planta crece, firme y sólida hasta los 30 metros.

¿Cómo eres de impaciente?

Antes bastante (y aquí encaja bien una pregunta puñetera: ¿cuánto es bastante?). Ahora estoy consiguiendo llegar al punto en el que me cuesta menos esperar.
¿Y si la persistencia sirviese al final para algo? ¿Y si el dolor no hubiera que eliminarlo sino integrarlo y aprender algo de él?
¿Resultados rápidos, exitosos y eficaces? A lo mejor solo son espejismos si no llevan cuidados detrás.
Para obtener resultados duraderos es interesante ejercitar la voluntad, avanzar un poco más allá de la teoría y

relacionar experiencias, observación y conceptos.

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