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El colegio, ese lugar en el que todo es seguro… O no.

¿Elegiste el papel del castigador o tal vez preferiste el de testigo en silencio porque así te librarías de ser el siguiente? También está todavía disponible la defensa de las injusticias. Eso sí, quien la coja es mejor que sepa que actuar así no será sencillo. Aunque da cierta tranquilidad el hecho de saber que estás haciendo lo correcto y no vas a tolerar la crueldad gratuita, no solo cuando la cosa vaya contigo.
A lo mejor peor te tocó la única vacante libre por llegar tarde y haberte quedado, queriendo ser invisible, cerca de la esquina, en vez de pelear para no interpretar este secundario que no quería nadie, te ha tocado ser contenedor de golpes, insultos, risas a las espaldas, desprecios y humillaciones. Igual, con suerte, te libras de los robos, o de que te rompan alguna de tus cosas… O a lo mejor no, dependerá de cómo te lo curres y lo contento (o contenta) que tengas al/la líder de la manada. Eso sí, vete sabiendo desde ya que vas a ser su objetivo favorito.
No es por nada, simplemente porque a alguien le tenía que tocar, porque ser una persona silenciosa, reservada, tímida o introvertida es algo aterrador (dicen las leyendas urbanas que las personas calladas no son de fiar, ¿verdad?, que ocultan algo). Ya se sabe, lo que se desconoce (o no se entiende o se envidia) se teme. Y a lo que se teme es mejor ¿intentar? domesticarlo… O combatirlo.

O… Darle la vuelta, aquí un ejemplo.

Hay ocasiones en las que la intervención de un adulto que haya sido capaz de empatizar con la persona acosada, hace posible que la situación cambie diametralmente y tenga un final feliz.

Es una bonita manera de poner punto y final a una situación dolorosa y conseguir además una reparación con la que la víctima se siente segura e importante.

¿Hay algún motivo por el que me haya tocado?

Sí, algo tendrás diferente, ¿será tu ropa? Igual es que en tu entorno invertir los recursos en las prendas más molonas del momento no es lo más importante, o tal vez no necesitas llevar en la camiseta la misma frase que los 20 que están detrás de ti, a lo mejor porque prefieres unas zapatillas de ballet a echar carreras detrás de un balón, prefieres el silencio al bullicio o, qué más da, cualquier otra cosa. Recuerda que te ha tocado el único papel disponible, asúmelo y te será más llevadero: vas a ser la víctima.
Lo triste de toda esta situación es que no es un juego, no son cosas de niños (como se excusan a veces quienes no ven o no saben cómo manejar este tipo de situaciones) y el resultado es que hay una persona (o grupo) vulnerable, dolorida, indefensa e incluso culpabilizada: algo habrás hecho para que te traten así, les habrás provocado, el problema es tuyo. La situación se revierte y quien acosa pasa a un lugar neutral o a la exención de responsabilidad.
Estos actos se expanden más allá del horario y el entorno educativo. La víctima tampoco está a salvo en casa, el amedrentamiento ha llegado a tal extremo que no es capaz de dormir, apenas de comer. Se siente pequeña, indefensa, abandonada, insegura y temerosa.
Volver al aula cada día es una tortura, no hay amigos,apenas aliados, solo silencio, desprecio y terror. No hay estímulo ni motivación, ¿cómo iba a haberla si la supervivencia física y mental depende de escapar de las amenazas veladas que casi nadie ve?

¿Qué hacemos entonces?

¿Qué saben alumnos y familias sobre el bullying?
Un punto de partida es la información sobre este problema. Sería interesante generar un debate para conocer los puntos de vista de ambos sobre el tema.
¿Son conscientes de las repercusiones que el acoso invisible tiene sobre las víctimas?

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¿Qué tipo de entorno familiar tienen los acosadores?
¿Podrían verse la violencia verbal, el maltrato o los prejuicios como habituales? ¿Cómo es la comunicación del día a día en sus casas?
La víctima es elegida en función de alguna característica diferente al resto: orientación sexual, color de piel, rendimiento académico, situación socioeconómica, físico, intereses particulares…
Los observadores pueden reforzar y apoyar la acción de quien agrede o reprobarlo pero no hacer nada por temor a convertirse también en víctimas. No ven el impacto del daño que sufre la víctima, por lo que trabajar en este sentido es importante, fomentando la solidaridad y empatía hacia el agredido para detener la situación.

Antes de acabar

Dejadme decir algo para que padres, profesores y responsables de los centros educativos lo tengan en cuenta: observar, escuchar y generar un clima de confianza cuando las víctimas intentan contar lo que está ocurriendo es importante. A veces les costará verbalizar lo que les sucede, tened en cuenta que están paralizadas y pueden sentirse responsables y culpables de lo que les pasa (ya lo habrán escuchado más de una vez) y hace que se sientan indefensas.
Ayudad a que se sientan protegidas, tratadlas como iguales, concededles el respeto y la dignidad que merecen y les han arrebatado y no minimicéis la importancia de lo que os cuentan, para ellas es muy doloroso y difícil, incluso es probable que haya pasado bastante tiempo desde que la situación comenzó, imaginad por un momento el calvario que todo eso supuso.
Y, por favor, recordad que la crueldad gratuita en ningún caso se puede enmascarar bajo el son cosas de críos. El tipo de persona en la que se convertirán vuestros hijos dependerá, en parte, de lo que aprendan, vean, compartan en casa y de los vínculos familiares que se desarrollen.
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3 thoughts on “Y en el colegio, ¿qué tal?

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