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Cuando nadie mira, en una empresa pasan muchas cosas…

La mañana, como tantas otras, discurre sin sobresaltos. A simple vista todo está bien, cada pieza del equipo (humano) en su lugar. Faltan todavía menudencias por hacer pero no hay problema, son importantes pero no urgentes. Llega la hora de apertura. Momento en que las piezas se conviertan en personas (ya se verá para quién y en qué medida) y obsequien a la clientela  y  a sus amigos, solo a ellos, con su mejor máscara de sonrisa.
Hoy además empieza una nueva actividad interna. ¡Qué bien! Con el objeto de estimular al personal y elegir cada cierto tiempo al trabajador ejemplar, la compañía ha ideado un juego para ¿motivar? al personal. En un tablón, la plantilla irá escribiendo, a la vista de todos, según su propio criterio, objetivos personales de mejora en el trabajo. Hay propósitos variados, desde esmerarse en el planchado del uniforme hasta reponer un producto en el momento que se acabe. Todos acordes a la mejora del desempeño laboral, hasta que… Aparece repetido en algunas personas  un objetivo bastante llamativo:
“Tratar con respeto a mis compañeros de trabajo”

Esto no puede estar pasando

Perplejidad, consternación, sorpresa desagradable y un escalofrío por todo el cuerpo al leer aquello. ¿Por qué? Cuesta entender cómo algo que pertenece a los principios básicos de la educación y la dignidad pueda estar escrito con absoluta impunidad en un centro de trabajo, porque
el respeto no es algo negociable, es el punto básico de partida.
Y mucho menos que se permita como objetivo de mejora a nivel laboral, con el submensaje asociado de hay compañeros de trabajo a los que desprecio tanto que me permito el lujo de tratarlos como me da la gana (y nadie me va a parar los pies porque sé cómo sembrar el terror sin que se note).
Un centro de trabajo no es una extensión de mi Principado doméstico, ¿o sí? Bueno, claro, es que lo hago porque puedo, porque lo necesito para sentirme grande e importante, porque me dejan… Además, es un espacio cómodo en el que volcar mis frustraciones personales. ¿Qué mejor que tener mi propio chivo expiatorio?
tweet

*Nota: también aplica fuera.

Total, ¿qué mejor invento que la bondad elástica a tiempo parcial?

 

¿Qué subyace a todo esto?

Por una parte que el ambiente laboral es tóxico y más supeditado a amiguismos, fobias personales y subjetividad, que a un comportamiento ético, a base de la siembra de críticas y difamaciones entre iguales y superiores.
Y la respuesta no es ni siempre se hizo así, ni yo no veo nada de eso; ni mucho menos el yo aquí soy de una manera y en mi vida exterior soy de otra.
Las personas somos las mismas en todos los ámbitos y entornos y simplemente hay que observar sus comportamientos en cada espacio.

Gardner La Vanguardia

 

¿Nos hacemos alguna pregunta?

Tal vez quien no sea capaz de conducirse a nivel laboral con la misma bondad y camaradería con la que se describe en la vida personal exterior es la persona problemática. La que para destacar y hablar de lo que hace (o no) desprestigia o minimiza la labor de los demás. La que habitualmente necesita público para humillar con mayor o menor sutileza y complicidad (si no hay cómplices silenciosos, temerosos de que les pueda pasar lo mismo, la cosa no tiene gracia) a quien considera inferior y, por tanto, poco merecedor de (su) respeto. Los matices de diferencia estriban en los roles que se desempeñan en cada entorno, pero no en la integridad o los rasgos de personalidad individuales.
cuando nadie mira

Howard Gardner en La Vanguardia

Pues sí, estas son cosas invisibles (aunque estén a la vista de todos) a las que parecemos acostumbrarnos por habituación, que también suceden  en el día a día de las empresas y ocasionan pérdidas y dolor material y humano.

¿Se puede hacer algo?

Y son relativamente sencillas de solucionar: motivar al personal, podéis hacer que éste se sienta parte de la empresa (más aún cuando se habla de los beneficios del trabajo en equipo), intentad aprender algo de cada persona: valentía, coraje, voluntad… Podéis hacerle sentir que es importante y apreciado mediante elogios, cortesía y educación, que son la llave maestra que genera cambios de actitud y subidas o bajadas en el rendimiento.
¿Qué os impide convertir al personal en el mejor embajador de la compañía con algo tan fácil como hacer que se sienta bien?, ¿No habéis pensado en el beneficio asociado que existe cuando la sonrisa es sincera (y eso, como clientes, lo notamos) y que una persona motivada trabaja mucho mejor?
Pues eso, cuando nadie mira suceden estas cosas. Y se percibe desde dentro y desde fuera, distinto es que no se quiera ver porque es más cómodo.

Nota para quien tenga la madurez y valentía de reconocerse en este espejo

Cuando haya quien no sea de tu agrado simplemente no trates con esa persona, utiliza la neutralidad. Y si tienes que compartir labor con ella, aprende además a ser un poco profesional. Guárdate tus opiniones hasta la salida.
No es necesario que hagas notar a cada momento tu rabieta, seguro que casi toda la plantilla está ya al corriente. Aprende a manejar tu frustración y a trabajar en equipo, no solo con tus amistades o vasallos.
*Agradecemos a @amarilloindio este tweet que nos ha servido como ejemplo colateral para el tema que tratamos en el artículo.
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