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Empezaremos por recordar algo

Comienzan aquí nuestros #CoachingparaTomar, en esta ocasión con un préstamo. Una entrada que Anycka escribió hace ya algunos años para Norma Jean. De aquella aún no sabía mucho acerca del coaching. Apenas que guardaba cierta relación con la psicología porque era una herramienta de ésta.
Hoy, atando cabos y recordando un poco, sabe que aquello de lo que hablaba sobre autoestima,  autoconocimiento o empatía guardaba relación también con el coaching. Y ya entonces tenía bastante claro la necesidad de ir al grano sin adornar las cosas con palabras grandilocuentes y a veces vacías.

[…] Su efectiva carta de presentación se basaba estrictamente en la concordancia y coherencia entre actos, discurso y encanto personal. Nos hallábamos entonces en la necesidad de recapitular y reorganizar unas descontroladas y revueltas preguntas que bullían en nuestro cerebro: ¿magnetismo = actuación coherente?, ¿qué es exactamente esa coherencia?, ¿quién puede ser mi modelo a seguir en esa búsqueda de la sencillez, encanto y aplomo?
Y aquí, en nuestro modo cuasiperpetuo de autoflagelación vital, nos cuesta entender que personalidades a las que admiramos se sientan, lejos de los focos, igual de desvalidas e inseguras que el resto. Pero ahora sabemos que eso es así. E incluso probablemente mucho peor para las emergentes divinidades de cartón carentes de un repertorio de conductas propio lejos de sus estilistas y demás séquito de asesores ¿No estarán intentando adquirir, en realidad, un antídoto contra la soledad y vacío interior?, ¿qué son estas figuras una vez que la magia de alfombras y luces se ha esfumado? NADA, absolutamente nada. Se sienten igual que tú y que yo, su personaje ha quedado en el cajón.
¿No nos ha surgido alguna vez la pregunta de por qué estos hombres y mujeres de brillo irreal fracasan repetidamente en sucesivas relaciones amistosas o sentimentales? tal vez guarde algo de relación con determinados rasgos de carácter: empatía o humildad poco o nada trabajados, así como la escasa capacidad de profundización en la relación con otros o el desconocimiento del poder de la introspección. Oh, ahí son iguales que nosotros.
No todo se puede comprar con dinero.
Autoestima, autoimagen o incluso una sonrisa dependen más de la percepción que tengamos de nosotros mismos que (en una pequeña parte) de lo que el espejo del exterior nos devuelve.
¿Qué es la imperfección?, ¿y si la clave estuviera en que la belleza es la asimetría  que nos hace singulares? Urge un desmontaje de los mitos e ideas irracionales para integrar la percepción de la virtud y el defecto en el conjunto de la personalidad.
¿Para qué querríamos la perfección?, ¿qué es? En ese caso no habría nada que compartir, nada que aprender de/con otros, nada de lo que lamentarse, ningún error que rectificar… Todo sería estéril y aséptico.
¿Por qué nos cuesta tanto asumir, integrar y/o convivir con nuestras imperfecciones?, ¿quién nos dice que lo son?, ¿Por qué ese temor atávico a ser ‘diferentes’, a no encajar?, ¿qué poder otorgamos al entorno al someternos a dictados irracionales e invisibles?

Quiero ser una de ellas, ¿cómo? Podríamos fabricar nuestra propia IT person. Somos lo suficientemente hábiles como para no depender de una corte de domadores que nos indiquen qué o no hacer en cada momento. El estilo propio depende únicamente de sentirnos bien en nuestra piel. ¿Cómo te sentirías así?
Imaginemos el proceso: casi con total seguridad tenemos alguna foto (incluso cuando entre tus virtudes principales no se incluya la fotogenia) en la que nos vemos espectaculares y radiantes. En determinados instantes todo el mundo brilla y esto se refleja en la actitud y la imagen. Ese retrato en el que estamos tan bien ya representa el perfil físico de la esencia del IT. ¿Cómo te ves?
La cuestión de la actitud es tal vez ya un poco más elaborada. Ahí entran en juego factores como el riesgo, actuar según el propio código de conducta a sabiendas de que el espejo social puede devolvernos una imagen distante de la que esperamos, la capacidad empática, tener la habilidad de ponerse en el lugar de otros, o el desarrollo de una escucha activa, comprender lo que pretenden decirnos.
Y la capacidad más importante de todas, aceptarnos, querernos y perdonarnos sin caer en la condescendencia absoluta (buscando un cierto equilibrio) ni autocrítica (a veces autodestructiva) perpetua.
¿Por qué nos cuesta tanto enumerar virtudes y tan poco listar defectos?
En el proceso de conversión en una It fabulosa, fantástica y maravillosa el secreto consiste en aceptar e integrar aquello que nos hace diferentes y convertirlo en el puntal de nuestra fortaleza.

 ¿Cuánto y cómo te vas a querer? Aquí practicamos mucho. Y sabemos que todo esto de la autoestima es un punto básico para empezar ya  con esa etapa en la que estás pensando. ¿Te echo una mano?

Versión completa en Diván Inquieto.
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4 thoughts on “Autoestima, ¿qué valor tiene?

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