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¿Qué sabemos del amor?

Si lo viésemos desde una perspectiva infantil pensaríamos en ello como algo parecido a que te mimen y te contemplen todo el día. Somos tan adorables y hacemos tantas gracias que a todo el mundo se le cae la baba. Nos inflan la autoestima a base de halagos y obsequios. Los límites no son para nosotros, estamos aquí solo para que nos quieran. Todo privilegios, cero obligaciones. Esto dista bastante del amor y poco favor nos hacen así.
A veces también sucede que no nos hacen mucho caso y entonces pensamos que valemos poco. No hay mimos para nosotros, solo pequeños desprecios velados y reproches. Sentimos que estorbamos, nos preguntamos qué estamos haciendo mal. Nuestra autoestima empieza a resquebrajarse. Los halagos no son para nosotros, rara vez estamos a la altura, siempre falta algo. Tampoco esto es amor. El mismo flaco favor que antes, pero en el otro extremo.
Entra dentro del error educativo que seamos (o nos conviertan en) princesitos/as o mendigos/as del amor.

Se acaba la infancia y

Pasada esa etapa aprendemos a modelar y modular nuestra experiencia amorosa en función de las demandas, modas, costumbres sociales y grupos de referencia. Leeremos revistas y haremos todos los tests que caigan en nuestras manos sobre qué tipo de amante eres o cuánto conoces a tu pareja. Nos empaparemos de artículos acerca de cómo volver loca/o a tu chica/o. Cuidado con esto.*
Veremos mil comedias románticas irreales (ojo: hemos dicho irreales, recuérdalo) y almibaradas. Y nos preguntaremos qué tenemos (o no) para que nuestras historias amorosas sean tan diferentes y siempre salgan mal*, ¿seguro?
*Pista: esas películas, tests y algunos libros también (sí, estamos pensando en el mismo, seguro), son ficción y entretenimiento. Todo parecido con  la realidad es mera coincidencia y/o maestría de redactores y guionistas.

Atención

Cuando no escuchamos o participamos en conversaciones de ideas distorsionadas o peligrosas sobre que los celos son el termómetro del amor, que minimizar al otro/a es algo sin importancia, que si no te controla es que no te quiere o […] inserta aquí tu propia variante de algo que no sea amor.

Amor en entredicho

¿Dónde quedan conceptos traducidos en acciones como la confianza, el afecto, la intimidad, la bondad o el apego? Estos son ingredientes saludables del amor.

¿Cómo se  consiguen?

Con paciencia, observación y escucha. Si estás buscando al príncipe azul o a la princesa rosa te diré algo: son un invento, no existen. Y, si por un azar crees que los encuentras, a los dos o tres lavados desteñirán. ¿Que no te ha pasado? De acuerdo, ¿puedes decirme cómo es el príncipe azul o la princesa rosa?, ¿qué características tiene tu adorado objeto de amor?

¿Quién eres tú?

¿Qué sabes sobre ti?, ¿cómo te defines? Esto es el autoconcepto. ¿Cuánto te quieres?, ¿cómo es de realista ese amor (o ese desprecio) que te tienes? Sí, esto es la autoestima. ¿Cómo te ves? Esto es tu autoimagen. Aquí entran en juego, cuánto te miras por dentro, cómo te ven los demás y cuál es tu percepción de lo que ven. Si no lo tienes muy claro, ¿sabes que puedo ayudarte a cambiar eso, verdad?
¿Eres tu persona favorita?
Esto es uno de los puntos básicos. Antes de embarcarte a buscar el amor en compañía aprende a quererte, a cuidarte y a mimarte (sin rayar en la condescendencia inflada), así sabrás qué y cómo lo quieres.

Y ahora qué

Ya te conoces y sabes que lo de la media naranja (o el medio lo que sea) es solo una leyenda, que la mejor relación es aquella en la que se comparte, en la que se ríe, en la que se aprende de y con la otra parte en igualdad de condiciones.
En general, para todo esto de lo que hemos hablado, necesitamos cierto equilibrio entre el permiso y los límites. Es el modo de aprender que el hecho de que nos quieran (y queramos) no implica que toleremos y/o nos toleren cualquier cosa, en eso también consiste el amor.
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