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Me quiero, no me quiero, me quiero, no me quiero… Y así todo el rato

Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me…

Es hora de cambiar la cantinela por, al menos, dos motivos. Primero: depender de que alguien me quiera para darme valor es un error. Segundo: antes es más importante que aprenda a quererme yo. Después ya si eso nos queremos (bien) todos.
¿Por qué? Porque si en el último pétalo sale un me quiere, pues bien, aunque con matices (¿cómo me quiere?). Pero si sale un no me quiere, ¿qué? Pues vaya, ¿voy a quererme yo menos? Mejor no. Vamos a ver qué tal con esto, que va por fases.

Me quiero a medias

Me miro en dos espejos. Uno, imaginario, en el que me veo y refleja los mandatos de mi mente que, cuando se pone, es muy perversa. Otro, deformador, que refleja lo que creo que es la realidad (y estar distorsionada). Ojo, que puede pasar que esas ideas y esa realidad no sean tuyos.
¿Qué estoy diciendo? Que a lo mejor estás olvidando considerar tus propias ideas: ¿esto es lo que pienso o me estoy dejando influir por la televisión, algunas redes, frases, comentarios y tópicos dañinos escuchados toda la vida o los cumplidos en negativo? huy, estás mucho mejor que la última vez, cuando tenías aquellas manchas tan feas en… Esos falsos halagos que se los quede quien los regala.

me quiero

¿Qué ves cuando te asomas a estos dos espejos?, ¿quién está ahí?, ¿qué pesa más, cualidades o defectos? Intenta pararte un poco y contestar a esas preguntas.

Me quiero un poco más

Los pensamientos y las ideas que te rondan la cabeza pueden ayudar a que tu autoestima sea saludable (estás bastante satisfecha/o con quién eres) o esté resentida (te sientes triste, te ves mal y no tienes demasiadas ganas de hacer nada). Si es el caso, párate de nuevo y respóndete a algunas preguntas: ¿qué está sucediendo para que me sienta así?, ¿cuál sería la situación ideal en la que me sentiría bien?, ¿qué quiero para mí?
Esta teoría es fácil. La tarea llega cuando hace falta tomar decisiones. Para que X suceda necesito dejar de hacer Y. Cuesta un poco pulir Y  por la falta de costumbre. Y porque funcionamos por inercia. Cambiar pensamientos y hábitos requiere convencimiento, voluntad, disciplina, tiempo y tal vez un poco de ayuda.

Me quiero un poco mejor

Los no valgo para nada, no me gusta lo que veo, soy horrible, nunca me sale nada bien… Son pensamientos distorsionados y poco realistas. Una pregunta: ¿le dirías esto a una persona que quieres? No. Entonces, ¿para qué  te lo dices a ti y te machacas con ello? Pues eso.
¿Cómo sería la situación en la que te dirías: me gusta lo que veo, me enorgullezco de […]? Una pista: cambiando algunos pensamientos se produce un cambio de actitud, en ti y en los demás. Puedo ayudarte ahí. ¿Quieres que hablemos sobre ello y busquemos soluciones?

Hay otro espejo

Uno que refleja la realidad. Uno que, al mirarte, no devuelve reproches ni tampoco hace caso a los comentarios inapropiados que te envía la mente nublada por los prejuicios.

Este espejo dice que puedes echar al daño que te haces. ¿Cómo? Tratándote bien mientras y cuando te observes e identifiques qué viene del exterior y por qué te influye. Si ya lo has descubierto es buen momento para seguir. Hay una historia que dice: enemigo descubierto, enemigo medio muerto. Y ya sabes algo, el enemigo aquí es el pensamiento distorsionado.

Me quiero mejor bien

Seamos realistas: si ayer y hoy nos estábamos tratando a baquetazos, mañana aún no será el día en el que nos veamos como criaturas poderosas y fantásticas. No, todavía no somos nuestra propia superheroína (o superhéroe), sin embargo el haber formulado la decisión del hasta aquí llegué y haber buscado ayuda son el punto de partida.
¿Y qué es quererse bien entonces? Tratarnos con un poco de compasión (sin caer en la autoindulgencia, que es el ay, qué penita me doy, pobre de mí). Ojo, que eso nos dejaría un poco en el punto de inicio y eso es un no, es de donde queremos salir. Mirarnos con cariño, observar, pensar y decirnos (en alto mejor) qué nos gusta de lo que tenemos. En todos los casos hay algo de lo que sentimos orgullo. Darnos un mimo, tal y como haríamos con nuestras/os amigos del alma (esta expresión me resulta mucho más intensa y bonita que la del mi mejor amiga/o).
Para querernos bien, lo primero que haremos será parar el pensamiento cuando vuelva el automático del machaque. Lo que nos decimos es una defensa. Pero la estamos entendiendo y aplicando mal.
¿Por qué nos defendemos de esta manera tan dolorosa (causarnos dolor para evitar dolor)? En parte porque nos convencemos de que así los comentarios duros e hirientes que cualquiera haga no nos van a doler tanto. Sabemos herirnos más y peor. Tenemos bajo control nuestro punto más débil y aumentamos el umbral del dolor con las cosas desafortunadas que nos decimos. También lo hacemos porque, después del goteo constante, nos acabamos creyendo lo que nos están diciendo (y esto NO significa que sea cierto).
¿En serio vamos a dar poder a cualquiera para que nos haga daño? ¿De verdad vamos a tratarnos tan mal como defensa solo para que lo de fuera parezca que no nos afecta tanto? ¿Cuánto tiempo aguantará nuestra mente semejante castigo?
Te pido un favor: deja de hacer eso. No solo no aliviará el daño que venga del exterior sino que estamos torturándonos por partida doble.
Es que dicen que soy X, que hago (o no) Y. Entonces he acabado pensando Z porque ¿y si tienen razón?
¿Y si no la tienen? ¿Lo has pensado? Pues eso.
¿Quieres preguntarme o comentar algo?
Pregunta

 

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