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¿Cómo se delimita o interpreta cada cosa?

Ligar, aproximarse o un intento de coqueteo, aunque sea torpe, no son un delito, desde luego que no. La galantería (aunque esta palabra me rechine un poco, pero igual es una cuestión personal) tampoco es una agresión, aunque me gustaría saber cómo se define en el papel y también cómo la interpretamos, en líneas generales, en la vida diaria.
Del mismo modo, que un hombre pretenda invitar a una mujer a un café (o un algo) no es un acto de acoso. No cualquier comportamiento, ni aun tintado de intentos de seducción (más o menos afortunada o torpe), es intimidatorio (ni habría de ser ridiculizado). Sin embargo hay algo que no me encaja (o a lo mejor no lo entiendo) muy bien, ¿si no (nos) te gusta que (te) nos seduzca recurriendo al desequilibrio de poder o el intercambio de favores y existe una queja o protesta en alto hemos entrado en una nueva forma de puritanismo?
Galantería
Hecho o dicho educado y cortés que tiene como objetivo agradar o conquistar a una mujer.
La definición de la palabra me parece un tanto […] <– (inserte aquí su palabra favorita). Pero, dejémoslo en curiosidad satisfecha y vamos a pensar que lo realmente importante, más allá de las palabras, son las acciones y el modo de comportarse en situaciones concretas.
¿Que por qué esto en cuidado emocional? Porque, a lo mejor, no sentir incertidumbre ni miedo en según qué situaciones ayuda a encontrarse bien y, por exensión, preservar el equilibrio mental.
Y porque pienso que resulta importante no tergiversar o banalizar lo relativo a la (in)seguridad personal ante el acoso y la violencia sexual, porque este tipo de cosas no dejan de existir solo porque las neguemos o que “a mí o en mi entorno cercano” no hayan pasado. Y no es cuestión de tener miedo, es más bien el sentimiento y la necesidad de igualdad y seguridad. El mismo derecho sexual colectivo sin temor a juicios, habladurías ni represalias.

Arte vs vida diaria

Indispensable libertad de ofender
El filósofo Ruwen Ogien defendía una libertad de ofender indispensable a la creación artística. Del mismo modo nosotras defendemos una libertad de importunar, indispensable a la libertad sexual. Hoy estamos suficientemente informadas para admitir que la pulsión sexual es por naturaleza ofensiva y salvaje, pero somos lo suficientemente clarividentes para no confundir coqueteo torpe y agresión sexual […]
Fuente: letras libres
La libertad de ofender en el arte, ¿entendiéndose como provocar una reacción y/o enviar un mensaje? Sí, uno de los objetivos del arte es señalar, mostrar y, en la medida de lo posible, generar cambios en quien lo contemple en cualquiera de sus manifestaciones.
Tal vez no sea (o no pueda ser) extrapolable a la vida cotidiana, más aún si consideramos que una obra de arte es un elemento estático, algo que provoca sensaciones (movimiento, quietud, placidez, incertidumbre…) y reacción emocional mientras nos hallamos frente a ella. Después se transforma en un recuerdo y una interpretación (diferente para cada persona). Lo que nos transmite nos influirá de modo variable, pero, ¿nos pone en peligro físico? No. Habla de un significado para quien creó la obra. El siguiente nivel de interpretación es nuestro. Sin embargo es necesario diferenciar contextos, ficciones y realidades.

libertad sexual

Distinto es lo que sucede en la vida física. Eso sí, ayudaría determinar y definir en términos generales qué consideramos ofensa, ya que ésta puede depender tanto del contexto cultural como del nivel de tolerancia o de la actitud y circunstancias personales. Una vez que lo sabemos somos conscientes de hasta dónde podemos llegar sin violentar a la otra persona.

¿Importunar o intimidar?

Libertad de importunar como sinónimo de la la libertad sexual.
Fuente: letras libres
Esta idea (me) resulta, cuanto menos, inquietante. ¿Por qué?, ¿cómo se define esa libertad sexual?, ¿de la libertad sexual de quién estamos hablando?, ¿qué se quiere decir exactamente con importunar?
Si solo estamos hablando de ser pesados/as y cansinos a lo mejor la palabra más adecuada no es importunar, es simplemente cansar o hartar (y esto tiene poco que ver con el ligue torpe ese). Si hablamos de la sensación de miedo que puede existir cuando alguien te está dando la paliza, no quieres nada y la otra persona insiste y te acaba poniendo en una posición incómoda, la situación y la palabra suben de rango y ya no es solo importunar, es intimidar. Y con esta premisa ya no hay libertad sexual que valga. La libertad sexual es tal si se da en igualdad de condiciones, no por extorsión.
¿Que “todos son así”? No, de ninguna manera, salgamos de los tópicos de que las mujeres son X y los hombres son Y. A este tipo de persona se la identifica con relativa rapidez. ¿Puede salir de los lugares comunes y personalizar la conversación (tan subida de tono como ambos participantes quieran)? Pasemos al siguiente nivel.
¿O esto depende solamente de si quien importuna tiene poder, belleza o algo que sea de nuestro interés? Ahí ya van cambiando los matices, ¿verdad? Claro, que alguien nos diga cosas y seamos su centro de atención, total o parcial, en un momento dado, es una dosis inmediata de subidón de vanidad importante.
Nos encanta que nos digan lo estupendos/as que somos y estamos (esto es invariable en hombres y mujeres, no nos engañemos). Que sea un simple juego de seducción o vaya más allá ha de depender de las dos partes y de la igualdad de condiciones, sea para una noche, una semana, un mes o una vida. Si no es así es posible que no vaya a funcionar.
Pensar (y volvemos a los tópicos) que las mujeres quieren una cosa y los hombres otra igual es una equivocación de pleno. Pero, claro, mantener según qué falacias puede ser muy cómodo.

¿Existe ese odio a los hombres?

Aquí lo primero que me viene a la cabeza es la importancia del cuidado en las palabras. Nuestra forma de pensar (y de actuar a veces) viene determinada en parte por qué instrucciones nos damos, por cómo nos hablamos y por cómo nos vemos y observamos el resto del mundo. Por eso es muy importante desechar ideas irracionales y cambiarlas por palabras y pensamientos adecuados.
¿La palabra odio es necesaria?, ¿es acertada?, ¿es peligrosa?, ¿es frívola?, ¿puede llevar a trivializar algo importante? Pensemos en la respuesta.
No cualquier acercamiento es una agresión ni tiene una pretensión invasiva, ¿alguien piensa eso? Si es así tal vez procede buscar de dónde salen ese tipo de titulares que nos atraviesan la cabeza de lado a lado como ráfagas de neón. Entretanto, igual  este vídeo puede ayudarnos a esclarecer algunas cosas.

Hay personas que vacían, que llenan, que alegran, que nos entristecen. ¿Qué frecuencia y distancia hay entre ese odio general, un odio particular e incluso un autodesprecio? A lo mejor no tanta como nos gustaría pensar. Frente a una persona (hombre o mujer) que se aprovecha de otra, a cualquier nivel, la mejor opción, alejarse o blindarse (física y/o emocionalmente), pero odiar acaba generando costumbre, banalidad y vacío*. Eso conduce a injusticias, enfrentamientos y malentendidos.
*También sucede con otras palabras o ideas.

Mejor buscar alternativas, esto no es un conmigo o contra mí. Recordémoslo.

¿Y, qué pasa con los piropos?

Otro de los temas controvertidos. ¿Es un problema regalar (o que nos regalen) un cumplido? No necesariamente, pero el equilibrio se puede perder si quien lo dice espera (como obligación) que la persona piropeada responda a su obsequio y si no lo hace o no muestra algún tipo de agradecimiento, continúa con un repertorio de insultos. Así, mal. Un regalo se acepta si lo quieres, no ha de haber obligación en ello. Y también, claro, depende del tono, la forma y el contexto (recordemos lo de la vanidad de antes). Puede ser genial que alguien nos diga que nos queda bien algo o que se nos ve espectaculares. Pero intentemos no depender unicamente de eso como medida de nuestro propio valor o seguridad.
¿Nos gustamos más o menos solo por lo que nos digan los demás? ¿Nos cuidamos para el exterior, para sentirnos bien o mitad y mitad? Si nuestro valor (solo) depende de las opiniones ajenas, mal asunto. El querer(se) bien mejor que empiece por ti.
Tarea: ¿puedes decirte algo bueno y bonito (sin depender de lo que diga nadie)? Pues eso.
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