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Desahogo, cotilleo o crítica. ¿Lo haces o lo padeces?

Hay algunas diferencias entre desahogocotilleo y crítica (más o menos velada), que siempre hiere, disfrazada en mayor o menor medida de sinceridad que no es tal. A eso se le llama sincericidio y no, no hace ningún favor al receptor, únicamente es útil o entretenido para el ofensor y para quien le ríe las gracias. De nada.
Todos habremos practicado alguna de estas modalidades ocasionalmente, aunque hay quien tiene las dos últimas como modus operandi vital, ¿a que conocéis a alguien? Las diferencias estriban en el propósito, la inquina y  el resultado.
Ahora es, si cabe, más peligroso. El escaparate distorsionador y a veces perverso de las redes sociales, tribuna de opinión parcial y despelleje cruel que nos transforman en jueces con demasiada osadía, errores, subjetividad y dosis de humanidad y tacto solo a tiempo parcial.
¿Creemos y nos adherimos solo a lo que nos interesa aunque los datos puedan ser incorrectos o sesgados?
Opiniones con mala leche que, extendidas en una dirección determinada, corren como la pólvora, arruinando reputaciones y vidas. Llegado el caso puede haber una disculpa, o no, pero el daño ya está hecho. Y lo de la vida real ya no es válido como excusa. Hacemos tanta vida (en algunos casos incluso más) en el entorno virtual como en el físico. Lo que se dice en la red decimos/creemos/nos autoconvencemos de que son solo palabras, pero los sentimientos que se generan, las alegrías o el daño que se causa son reales. De modo que a lo mejor procede cambiar el enfoque.

La secuencia

Me enfado con otro/a, siento ira, hablo con alguien de confianza, describo mi versión del encontronazo con esa persona y por qué me he enfadado, me desahogo. Libero un poco la rabia que tengo, ahí queda todo. Entonces llega más gente, soy el/la protagonista y eso me hace olvidar que ya me he desahogado, vuelvo a contar mi historia con público.
Qué bien, mi momento de gloria, me gusta (aunque no lo confesaré, claro).
La historia empieza a desvirtuarse, ¿cómo? El público improvisa, interviene y emite juicios de valor sobre una situación de la que no conoce demasiado, o únicamente sabe una versión, pero da juego y sobre todo material jugoso de conversación para una temporada. He convertido el desahogo en cotilleo. El resultado es que se ha puesto al otro componente del enfado (no presente) en el punto de mira.

Elige tu papel

La situación podría tomar aún varios rumbos: un destino conciliador en el que alguien del público, o el protagonista de la historia, decidiesen poner algo de cordura y zanjar el tema hablando en favor del otro –claro que eso no sería divertido— u otro camino, doloroso y difícil para el que no sabe en qué se ha convertido esa bola de infamias, que el público disfrutará entretenido, incluso interviniendo esporádicamente.
Es muy gracioso echar leña al fuego cuando las cosas no van contigo, difamando, atacando, tergiversando abiertamente o dañando, al no hacer nada, al segundo protagonista.

Llega la distorsión o el remordimiento de conciencia

 
Qué más da, no estamos haciendo nada malo, somos espectadores, a lo sumo soltamos alguna perlita. Hemos entrado en el escabroso territorio de la crítica, en el que el objetivo es tener material de conversación. Lo de menos es el daño que se le pueda hacer a alguien.

 

Ese pensamiento queda bloqueado, el único responsable es quien nos contó la historia, Solo somos público, queremos que nos entretengan sin importar los matices. Además, así podremos desfogar y liberarnos de nuestras propias miserias. Es muy catártico, ¿qué más se puede pedir? Eso no me convierte en un desalmado, ¿o sí?
Bah, no creo. Con todos los que somos, tenemos que llevar la razón fijo.
Sí, porque el pensamiento contrario generaría una disonancia cognitiva difícilmente soportable, así que adaptemos la situación a la conveniencia del momento.
*Si quieres leer el artículo completo puedes hacerlo aquí.
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